El excelente trabajo fotográfico realizado para la promoción de este apartamento disfraza sus mas que evidentes defectos. La luz y el espacio que parece inundar el apartamento están muy exagerados respecto de la realidad. Esa artificial luminosidad lo que realmente ocultan son unas vistas ciertamente horrorosas a un sucio y desagradable tejado y a las fachadas de otros edificios colindantes, sin que ni siquiera se pueda intuir que el cielo existe. El apartamento se haya situado en un viejo y estrecho callejón, donde ya el portal del edificio nos va a hacer sospechar que no todo va a ser tan bonito como nos mostraba el anuncio, aunque nada comparado con la experiencia de subir por una escalera cochambrosa y lúgubre que además incluye la ausencia de luces durante la noche.
Ya dentro del apartamento, dada la peculiar política de limpieza que mantiene su propietario, no se produce ninguna limpieza en profundidad, ni higienización alguna en el apartamento con cada cambio de inquilino y le puede suceder, como fué nuestro caso, que se encuentre con suciedad acumulada y detalles de poca higiene. La propiedad solo se encarga con cada nueva ocupación de cambiar exclusivamente sabanas y toallas. Sabanas que además no encontrará planchadas y toallas que desconocen la existencia de los suavizantes, una sola y única toalla de tamaño medio por persona pero si además usted tiene la “rara” costumbre de dormir con almohada, olvídelo, los cojines decorativos de cada cama sustituyen a las mismas. Tampoco espere usted encontrar, gel o jabón.¡¡¡¡ Ni papel higiénico!!!! , ni productos de limpieza salvo que los anteriores ocupantes lo hayan dejado. Tampoco es costumbre de la propiedad facilitarlos. Mención aparte merece la ducha cuyo aspecto es tan lamentable como descuidado, si bien se trata de que la ausencia de limpieza regular de la misma ha provocado que la superficie de la misma se encuentre incrustada de manchas muy desagradables imposibles de eliminar.
Además de lo anteriormente mencionado, hay que añadir que a nuestra llegada, para nuestra sorpresa, nadie nos está esperando para hacernos la entrega de llaves. Debo ser yo quien establece contacto telefónico con el propietario, quien me indica que un par de horas antes, justo en pleno viaje por carretera, me había enviado un correo electrónico para indicarme que las llaves debería recogerlas en un restaurante próximo en contradicción con lo que nos había venido informando hasta ese momento.