¿Y si seguimos los pasos de los antiguos romeros medievales que marchaban hacia Santiago? ¿Y si recorrimos la tercera montaña costera más alta de España? ¿Qué pasa si caminamos hasta un pueblo de pescadores cuyas casas son salpicadas por las olas? ¿Y si comemos auténtico queso vasco artesano y bonito en conserva de Hondarribia mientras escuchamos el sonido de las olas? Sí a todo, ¿verdad?