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Si bien surgió como un pequeño pueblo de pescadores para luego crecer y transformase en una capital cosmopolita, Ámsterdam conserva un aire de atractiva modestia. Su arquitectura alargada y austera, sus canales y calles adoquinadas, además de las superficies planas, ideales para pasear en bicicleta, ofrecen a los habitantes la libertad de recorrer la ciudad y una atmósfera propia. Esta modestia, sin embargo, no se aplica al controversial barrio rojo. Independientemente de si te desagrada o te atrapa, visitarlo es, sin dudas, un experiencia sorprendente e inolvidable, y el barrio es, en sí mismo, una orgullosa demostración de liberación y tolerancia.
Ámsterdam tradicional
Solo quedan ocho molinos de viento en las afueras de Ámsterdam. Reservá una excursión a Volendam y Marken para sorprenderte con estos dos pueblos de pescadores, e incursioná hasta llegar a los tradicionales molinos de viento y pólderes de Holanda. Si degustás los famosos quesos Gouda y Edam, probablemente entrarás en armonía con el lugar y te probarás un par de zuecos, o “klompen”, como les llaman en holandés.
Moda a la vanguardia
Cuando pensás en Ámsterdam, posiblemente la moda no sea lo primero que te venga a la mente, especialmente si ya te calzaste un par de zuecos. Sin embargo, la ciudad rápidamente está adquiriendo mayor presencia como alternativa a las tradicionales pasarelas de París y Milán. La fusión entre el diseño práctico y los accesorios originales atrae a todas las edades y, probablemente, no te resistas a aventurarte a la boutique más cercana en busca de un bolso asimétrico o un sombrero de estilo exclusivo. No te pierdas las boutiques de Van Baerlestraat, las marcas de primerísima calidad en P.C. Hooftstraat y las increíbles ofertas del mercado de pulgas en Waterlooplein.
Dejate llevar por los aromas
Algo que puede haberte llamado la atención es la cantidad de “coffee shops” que hay en Ámsterdam. Otra muestra de la mentalidad abierta que caracteriza a la ciudad (a pesar de las recientes modificaciones de las leyes antitabaco) es que la marihuana posiblemente forme parte del menú. Aunque no seas amante de los tés frutales ni el tabaco aromatizado, vale la pena visitar los cafés, donde la atmósfera es única y la charla más que amena. Dirigite al jardín botánico y descubrí cómo es una planta de más de 400 años. También podés pasear tranquilamente por el invernadero subtropical y el jardín de hierbas medicinales.
Una relato de humildad
La trágica historia de Ana Frank se relata una y otra vez en un museo dedicado a su vida, contiguo a la casa en la que ella y su familia se ocultaron durante la persecución de la Alemania nazi. Fue en este lugar donde Ana escribió su diario, que luego se publicó y llegó a ser uno de los libros mayor venta en el mundo. Otros museos importantes que deberías visitar son el Museo Rijksmuseum, que alberga las obras maestras del Siglo de Oro holandés y el Museo Van Gogh, que cuenta con la mayor colección mundial de obras de este artista.
Inmortalizar los canales
A diferencia del colorido barrio rojo, un crucero a la luz de las velas por los canales ofrece al turista una noche de entretenimiento más íntima. De noche, cuando se iluminan los puentes que datan del siglo XVII, no vas a poder dejar de sacar fotos. El Reguliersgracht es, acaso, el canal más emblemático y fotografiado de Ámsterdam. Subite a uno de los tantos tranvías con destino a Leidseplein para disfrutar de los atractivos salones de cócteles y pubs modernos, y bailá desde la noche hasta el amanecer.